CLÁSICA LAGOS DE COVADONGA 2014 – ROMANTICISMO CICLISTA

En alguna crónica antigua os he comentado que mi afición al ciclismo se forjó aquí en La Rioja, y que por tanto, cuando vuelvo a mi tierra, muchas de las rutas que hago por allí son de lo más novedoso.

Recuerdo de crío que, en el “parquín”, la plaza del ayuntamiento de Ribadesella, se juntaban los sábados por la mañana un grupo de míticos aficionados al ciclismo, con su maillots de la Sociedad Cicloturista Asturiana, para hacer sus salidas. Y recuerdo como mi padre me comentaba: “Es que esos andan muchísimo, son de los que suben a Los Lagos”

Los Lagos eran aquella vara de medir, aquel límite que marcaba la diferencia entre los buenos y los otros, aquella ascensión a un puerto inexpugnable, casi invencible cuya leyenda se acrecentaba año tras año con las retransmisiones casi siempre imposibles por una meteorología extrema que tve nos acercaba a las pantallas en la Vuelta Ciclista a España.

Yo había subido ya Los Lagos con la mountain bike, pero era la primera vez que afrontaba al monstruo con la rueda fina; además, nunca había rodado en pelotón, no en vano es mi primera clásica cicloturista. Eso, y la leyenda del puerto, son antecedentes como para tomárselo con cierto respeto. Y eso hice. 

 

Lo primero que se observa en esta prueba es una organización de nivel; gestionar a 4000 ciclistas por las carreteras no es moco de pavo; también se observa una afluencia masiva de marcas, patrocinadores, stands…mucho más presentes que en las pruebas de montaña que conozco.

La salida, en Cangas de Onís, se toma a las 9:00 de la mañana; no hay cajones, por lo que el que primero llega, primero sale; en mi caso cuando llego puedo comprobar que no he sido de los más rápidos; solo unas doscientas bicicletas por detrás. La verdad es que no me importa. Quiero comprobar como se rueda en estas aglomeraciones, y la mejor manera de ir tomándole el pulso al pelotón es situarse con los menos nerviosos.

Cuando pasamos el arco de salida hace bastantes minutos que los primeros han pasado; además, los primeros kilómetros es necesario aflojar varias veces, por el efecto acordeón tan propio de las retenciones de tráfico. En la recta de Prestín, el pelotón se empieza a estirar, y se puede empezar a rodar sin mayores problemas.

Entonces llega el momento de ver que es esto de ir en pelotón; la experiencia es buena. Veo que la gente va razonablemente concentrada –supongo que a nadie nos gusta caernos-, y que al estar el tráfico en sentido contrario cortado o controlado, puedes progresar sin problemas por el centro de la calzada.

Y ese es el plan; el primer tramo entre Cangas de Onís, Arriondas y Ribadesella, siguiendo el curso del Río Sella por la NA-634, de unos 25 km. ligeramente descendentes, se hace volando; realmente más que grupos, vas en un pelotón ligeramente fraccionado, pero siempre tienes una rueda a mano, así que la media es rapidísma, superior a los 35 km/h. 

Al pasar por Ribadesella, veo a mi santa esposa cámara en mano haciendo de reportera gráfica –gracias Ana-; saludo brazo en alto, y un grupo de cachondos que van en mi grupo se suman al saludo. Buen ambiente, sin duda. 

En Ribadesella, el Cantábrico hace de barrera al norte, así que toca tomar dirección este, y rodando en paralelo al mar, se continua dirección Llanes. Aquí aparecen más claros en los pelotones, la serpiente va más estirada, pero puedo seguir progresando con mucha facilidad.

En el kilómetro 50 comenzamos el primer puerto de la jornada; un desconocido para la gran mayoría de los participantes, pero que yo había ascendido hace unos meses, por lo que conocía su dureza. El Alto de La Tornería tiene unos 6 km., con un primer kilómetro exigente, y dos últimos con medias del 12% y puntas del 15%. En la ascensión comienzas a ver la realidad de estas marchas; cuando ir a rueda ya no vale, y “cada viajante tiene que tirar de su maleta”, ves como mucho parásito tiene que descubrirse …¡cómo resoplaban muchos¡

Posterior descenso rápido a Mere, y se enlaza con la siguiente ascensión al Alto Ortiguero, por el curso del Río de Las Cabras; más que un puerto al uso, es una ascensión sostenida, sin grandes pendientes, pero que obliga a usar el plato pequeño durante un buen rato.

De aquí a la rotonda de Soto de Cangas nos quedamos un grupo de unos 30, y me permite experimentar las peculiaridades del ciclismo de carretera; comienzan a tirar 4 ciclistas de un grupo de Madrid, al que me uno en los relevos; de repente uno de ellos se gira y pronuncia la sentencia “o entramos todos o rompo la baraja”. Otia –pienso yo- esto es serio, ahora si que me siento como en el Tour

Oye , dicho y hecho, los tíos dejan de tirar y lo mejor de todo es que todo el grupo se deja ir, hasta el punto de quedarnos casi parados; esta actitud confirma lo que siempre he pensado del ciclista aficionado de carretera respecto al de montaña; mientras que los segundos somos aficionados al ciclismo vírgenes, sin contaminar, pedalear y disfrutar, los primeros, en una alto porcentaje, están influenciados por efluvios pseudoprofesionales que, desde mi humilde punto de vista, rozan en algunos casos lo ridículo. Aunque es solo una opinión…y todo el mundo tiene derecho a sentirse un Indurain, un Contador o un Felicce Puttini

Lo mejor de todo es que, ante la perspectiva, me pongo el primero, comienzo a pedalear a ritmo, sin ningún alarde, y me marcho; -ay madre, que va a ser que no es oro todo lo que reluce-

Hago en solitario este tramo, y a pocos kilómetros de Covadonga comienzo a coger a gente descolgada del grupo precedente, que se va enganchando, formando un bonito tren hasta la morada de La Santina. 

El mítico cruce a izquierdas inicio de la ascensión a Los Lagos, ahora desvirtuado al ser sustituido por la inevitable rotonda de turno, pone la piel de gallina; la gente se agolpa para darte el aliento antes de la batalla final. En este punto, un nuevo arco de cronometraje permite discriminar en línea de meta entre tiempo total y tiempo de ascensión al puerto.

Y aquí, la épica; la alegría del rodaje en grupos, en pelotón, moviendo desarrollo…en pocos minutos torna en una especie de penoso peregrinar, en una procesión de almas errantes, un gran grupo roto en elementos solitarios, sin más activo que las maltrechas piernas, una respiración agónica y una bicicleta, un invento del maligno, que más de uno entregaría al diablo en ese momento, a cambio de una sentencia de libertad.

Realmente la ascensión es dura, si bien, al menos en mi caso, disfruté mucho haciéndola; ayuda ir pasando gente continuamente, ayuda conocer la subida, y ayuda conocer tu capacidad de esfuerzo y la respuesta de tu cuerpo; esto último, sin duda, lo más importante. 

En la mítica Huesera, ves a la gente retorciéndose, zigzageando continuamente, y más de uno, echando pie a tierra; y si este tramo es duro, no le va a la zaga la posterior rampa de El Mirador de la Reina, y la siguiente S; a partir de aquí, la pendiente suaviza, e incluso a falta de un par de kilómetros, un pequeño descenso permite respirar, colocarse el maillot y disfrutar de la consecución de la hazaña.

 

La entrada en meta fue muy especial; el recuerdo y la vista se van hacia arriba; el día anterior habíamos despedido al abuelo, ejemplo perenne de trabajador incansable y conducta ejemplar, deportista desde su juventud hasta los últimos días de su vida, y apasionado de las gestas deportivas, y entre ellas, como no, las ciclistas. Su fuerza –tu fuerza, güelito- me acompañó subiendo, sin duda. 

 

Poco más; una experiencia preciosa, a repetir sin duda; luego en meta, multitud de regalos y sorteos –yo sin suerte, aunque alguno se marchó a casa con una pinarello dogma a estrenar-, si bien me doy por satisfecho con los preñaos y los culetes de sidra con que nos obsequió la organización.

 

 

 

COMENTARIOS

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Fernando S.

07/04/2014
Bonita crónica Enhorabuena

Diesel

07/04/2014
Muchas gracias, Fernando.

somoano

07/04/2014
muy buena cronica , titan!!!

Alvaro

07/04/2014
Tal y como lo describes, parece que soy yo el que lo escribe, eso mismo que cuentas es lo que yo senti durante ese dia. Fue mi primera gran clasi y disfrutre y tambien sufri mucho. Pero como dicen por hay " LOS CICLISTA ESTAS ECHOS DE OTRA PASTA", y si puedo el año que viene volvere.

lukas

07/04/2014
un fenomeno

Wkena

07/04/2014
Un fenómeno, el año que viene QH2015 Que dolor.

wkena

07/04/2014
Uno¿?¿? he dicho uno¿?¿? Dos.. Alvaro, tu también estuviste¿?¿? El año que viene Quebranta si o si¡¡¡ Aurrera¡¡

Diesel

07/05/2014
Somo, gracias¡¡¡ ya no nos queda nada ;) Álvaro, me alegra que te guste; dos primerizos que por lo visto, repetiremos seguro Rober...y tú hablas de fenómenos después de la crónica anterior :)