Pedalear por números

17/01/2016

Diez kilómetros y ya tengo las piernas doloridas, el ácido láctico en mis piernas me permite saber que estoy trabajando al límite y el sudor corriendo por mi frente a pesar de la fría mañana es la prueba de que estoy pedaleando fuera de mi zona de confort, estoy en la zona de "sufrimiento"; donde necesito y yo conozco como zona de “mejorar”.

Ya ves, se acerca mi crisis de mediana edad, he vuelto a montar en bicicleta como una venganza y  estoy cosechando todos los beneficios para mi salud y la inherente para la industria del ciclismo, como esperaban que haría. Soy dueño de varias bicicletas, desde el retro MTB a lo último de carbono y transmisión de vanguardia,  pruebas de xco, de maratón, enduro, dh y lo que se tuerza por todo el país, y aunque sé que nunca voy a ser un campeón, no he dejado de entrenar como si lo fuera.

He llegado a estar tan absorto en mi rendimiento que he eliminado todo rastro de la diversión, de aventura, que es lo primero me engancho del ciclismo. Ahora tengo un plan de entrenamiento, metas y Strava. Tengo eventos objetivo, entrenamiento específico y niveles de condición física objetivo, fechas y para hacer todo esto correctamente, necesito datos: precisos, sin ambigüedades, los datos objetivos. Sin datos sólo estoy adivinando, percibiendo y estimando subjetivamente mi rendimiento,  falsificando los resultados en mi cabeza para dar masajes a mi ego, independientemente de la realidad.

No hay mucho sentido trabajar tan duro sin medirlo y no ver los resultados. Sólo yo y los números, mirando hacia abajo, veo las franjas de datos del gps, mi cerebro puede capturar en una fracción de segundo todos los datos que necesito y procesarlos sin pensamiento consciente. FC media: 151bpm. HR instantánea: 160. Diez kilómetros y doscientos metros recorridos con una media de 25.1 km/h aunque esta nueva rampa ha bajado mi velocidad actual a 14 o menos, mi cadencia ha bajado a 75, más baja de lo que había planeado, pero estoy feliz, noto como van cayendo uno a uno todos los koms y los que quedan hasta que alcance la cima, así que ha permanecer sentado y cerrar la boca no se salga el corazón, volver a procesar datos, y actuar en consecuencia, lo estoy haciendo bien y voy a alcanzar la cima en el tiempo previsto.

Treinta segundos más tarde hago lo mismo de forma inconsciente, rutina de recopilación de datos, y luego otra vez y otra vez y otra vez todo el camino a casa. A los diez, 20 y 30 kilómetros, voy a dirigir mi habitual test basado en salidas recientes. O mejoro y me estoy poniendo en forma, o empeoro y  hay un problema en alguna parte, cada ingesta de datos me da una palmadita en la espalda o una patada en el culo y todo de camino a casa, motivar o reprender, felicitar o castigar.

Un batido de fresa y una barrita de proteínas después, estoy listo para el punto culminante de la salida: los datos de entrada, abro Strava y cargo la ruta, FC en reposo, FC media, horas, tiempo en cada zona de frecuencia cardiaca de entrenamiento, distancia, tiempo, velocidad media, cadencia media y kilocalorías totales, kcal por km, kilocalorías por minuto y vatios promedio, y luego traduce los números crudos en gráficos con códigos de colores amistosos, cada número introducido tiene un efecto consecuente en otro lugar en otra celda, otro resultado derivado, otra extensión de los gráficos.

Obsesionado compulsivo, ya tengo mis koms, cierro mis ojos y puedo visualizar mirando por encima del hombro a un jinete fantasma a cierta distancia detrás mia, resoplando y jadeando, haciendo muecas y gemidos, el fantasma de los otros que ni conozco y van tras de mi en esa lista que me corona en Strava, más que satisfactoria, todo el reconocimiento que  necesito por las dos últimas horas de sufrimiento y toda la motivación para volver a salir mañana a reventar el kom del algún adolescente que sufrirá de pataletas.

Recuerdo cuando dos horas sobre una bici significaba una sesión MTB tranquilamente alrededor de las sierras cercanas, en busca de los tramos más interesantes y los mejores senderos, juzgaba el paseo de una mañana por el tamaño de la sonrisa que ponía en mi cara. Ahora, parece que juzgo el paseo por el tamaño del ciclista fantasma que dejo atrás y los números fríos y duros del Strava.

Debo estar perdiendo el norte.

(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, se podría decir, si no fuese porque tarde o temprano todo lo verdadero acaba siendo real.)

Dedicado a todos mis amigos stravadictos

COMENTARIOS

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pedro

18/01/2016
cuanta razón

nico

19/09/2016
hermosa fotografía

nico

19/09/2016
hermosa fotografía